miércoles, 7 de marzo de 2012

De compras por internet

Tras pensármelo y repensármelo me he decidido a comprar ropa en internet.

En general no me supone ningún problema comprar a través de páginas web.
Si me paro a pensar qué proporción de libros, películas, música y utensilios he comprado en tiendas físicas y tiendas online en los últimos años probablemente la diferencia no sea mucha.

Para libros, definitivamente me quedo con la filial británica de Amazon.
Existe otra filial americana (en la que solo compré en una ocasión), otra japonesa (a la que hice más de un pedido friki) y muy recientemente una española (en la que, curiosamente, jamás he hecho pedido alguno) pero sin dudarlo me quedo con la de UK porque los libros en lengua inglesa resultan muy económicos y tienen un catálogo muy amplio.

Para el resto de cosas utilizo principalmente eBay, porque hay una inmensa variedad, tanto en calidades como en precios.  Apostaría a que es una de esas tiendas en las que realmente hay de todo.
Por ejemplo, mis primeros moldes de silicona los compré allí a un vendedor chino, cuando todavía era difícil encontrarlos aquí en las tiendas, y a un precio muy ajustado.
Siempre que voy a comprar algo online, comparo precios en eBay. Por si acaso.

Para la chatarra en general me recomendaron en una ocasión DealExtreme.
La verdad es que tienen cachivaches de lo más variados (cables, fundas para móvil, llaveros, etc.). Simplemente es un bazar chino gigante. Y online.

Pero, ¿comprar ropa online?
No te la puedes probar. No puedes ver bien los colores (que, obviamente, dependen de tu pantalla). No puedes tocar la tela para comprobar la bondad de los materiales.
Vamos, que siempre le he visto muchas desventajas.

Pero, de todos modos, me he decidido a probar.
He leído buenas críticas de una tienda concreta, llamada Kiabi, que además de buenos precios tiene tiendas físicas (una no muy lejos de mi localidad) en las que se podría realizar una devolución en caso de que hubiese algún problema. Porque eso de las devoluciones por correo, sin que te reintegren tu dinero de inmediato, era la desventaja que colmaba el vaso.
Además, tienen una amplia sección de tallas grandes que, para variar, no está totalmente compuesta de aburridas prendas diseñadas para mi abuela, sino para mujeres de hoy en día con algo más de carne que ese estereotipo que asumimos como media.

Y como los gastos de envío son gratuitos para compras de a partir solo 10€, las dudas se acabaron, y decidí hacer una mini-compra de prueba.

Lo mejor de hacer un pedido online, así a botepronto, es la elección de talla.
Parece que todas las tiendas online de este estilo (como ya lo hacían sus predecesoras de venta por catálogo) tienen su propia tabla de tallas.Te mides, buscas tus medidas en la tabla, y te indica la talla que utilizarás en todas las prendas de la tienda.
Así que no hay la duda en cada prenda de si tendré que pedir una 42 o una 48, que a veces la diferencia entre marca y marca son brutales.

Y, allá me voy yo, con mi cinta métrica en mano, a tomarme las medidas. Pecho, cintura y cadera.
Las cifras que obtengo me son simpáticas porque no me resultan muy diferentes de las que podía haber tenido hace unos años. 100-84-115.
Lo busco en la tabla, y dice que es una talla 46, XL o 3, según el formato de tallaje. Bueno, quizás sí que son algo diferentes después de todo, hace unos años hubiese usado una 40 o una L, pero hoy en día me veo con más frecuencia con una 46 o XL como las de esta tienda.

Pero, claro, con la cinta en la mano, una no puede evitar tener ocurrencias.
Recordé aquel artículo de prensa, en el que un especialista en cardiología mencionaba que la fórmula que consideraba más exacta al estudiar la incidencia del sobrepeso de un paciente sobre sus salud era simplemente la medición del contorno de la tripa, por su parte más amplia.
Y es que al leer aquel artículo me pareció de lo más lógico: todas las fórmulas de las que he oído hablar (IMC, por ejemplo) toman en cuenta factores sencillos como tu peso y tu altura, pero ignoran datos como tu constitución física, que varía de una persona a otra. Pero, ah, en la tripilla no hay huesos que jueguen a engañarnos, es casi todo grasa, grasa superflua que no necesitamos para nada. Una buena pista de qué es lo que nos sobra.

Pues eso. Que me medí.
Y, claro, me deprimí. 103 centímetros. En proporción con las otras medidas, ¡es un desastre!


Así que este pedido me vale para una cosa: reafirmarme en que tengo que empezar a cuidarme. Y en serio.
Y, además, que la dieta no es lo único. Aunque mis pequeños propósitos funcionan, y creo que gracias a llenarme de cosas buenas no me estoy zampando otras que son igual de ricas pero no tan saludables, estoy convencida de que necesito estar más activa.
Los paseos son un buen comienzo, pero tengo que empezar a mentalizarme de ir subiendo el ritmo poco a poco.
Y, claro está, volver a medirme para comparar.

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